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30 dic 2013

Sobre tu Tumba

Parece que David Jasso le ha cogido gusto a esto de escribir micorrelatos, y no solo nos ha acompañado en este año 2013 con dos de ellos, Pavesas y El Relato Ultracorto, sino que me avisa (y por ende, lo hace extensivo a todos vosotros) que es inminente la publicación de su antología de microrrelatos "Vidas infinitas" en la editorial Amargord. Así que el texto que ahora nos ofrece es un bonus no incluido en dicha recopilación. 

Con vosotros, Sobre tu Tumba.

 
Me enteré por casualidad, nadie se dignó avisarme. Lo leí en el periódico de forma inesperada y casi no pude creerlo. Una alegría oscura me recorrió por completo, un viento tan caliente como el aire viciado que expulsan a la calle los extractores de algunos baruchos. Y ahora me siento vacía, con el alma arrancada.

Creía que me sentiría mejor, que sería un poco más feliz, pero en este momento, plantada ante la tumba del violador y asesino confeso de mi hija, solo siento vacío. Un vacío frío, como el de una habitación abandonada con premura dejando las puertas abiertas en pleno invierno.

El odio vivía en mi interior: le aplicaron la ley del menor porque solo tenía dieciséis años (tres más que mi niña) cuando la violó y golpeó hasta matarla. Cinco años más tarde ya estuvo en la calle, disfrutando de la vida. Yo deseaba su muerte, quería que sufriera, que expiara su culpa de verdad, no con paños calientes y leyes injustas. 

Pero por lo visto su destino estaba marcado. Falleció la semana pasada al salirse de la carretera con un coche robado. Sonreí cuando leí la noticia en la prensa.

Ahora estoy en el cementerio, frente a su tumba. Alguien le apreciaba lo suficiente para pagar una lápida que proclama: amado hijo y hermano. Y yo me siento vacía, ni siquiera el odio y el rencor pueden ayudarme a seguir adelante. No puedo escupir, como tenía previsto, el nicho está demasiado alto y mi garganta demasiado seca.

Retiro la vista y me marcho arrastrando los pies. Me siento cansada.

Paso junto a la tumba de mi hija. Flores marchitas y una foto comida por el sol. Y sé que por fin se ha marchado.

No porque su asesino haya muerto, no. Sino porque yo ya no odio.


Y con este texto, llegamos al final de las entradas de este año 2013. Así que aprovecho para felictaros el nuevo año 2014 y que espero que volváis por aquí. GRACIAS.

21 oct 2013

El Relato Ultracorto

Tenemos un nuevo lunes con nuestro microrrelato particular. En esta ocasión, David Jasso repite experiencia y nos tra e un micro ¿metaliterario? Os lo dejo en vuestras manos, con vosotros, El Relato Ultracorto.


El tío en cuestión quería escribir una historia ultracorta para enviarla a un blog literario. Pretendía que fuera algo intenso, original y con un final sorprendente. Que en pocas líneas transmitiera, comunicara, asombrara... Se devanó los sesos durante mucho rato, pero no consiguió ningún resultado coherente. Se dio por vencido y envío un relatillo absurdo sin demasiado sentido. Sin embargo se lo publicaron y gustó bastante porque al final la gente sonreía (excepto aquellos menos inteligentes, que no lo entendían). 




  
David Jasso ha trabajado como periodista en prensa, radio y televisión. Su trayectoria como autor arranca con una obra claustrofóbica como es “La silla”, hoy convertida en novela de culto. Después llegaron otros trabajos como “Cazador de mentiras” (junto a Santiago Eximeno), “Día de perros”, “Feral”, “El pan de cada día” o “Abismos”. Ha ganado varios premios Ignotus y Nocte. Y ha publicado decenas de relatos en antologías y revistas. Acaba de terminar de escribir su nueva novela “Lo que ves cuando cierras los ojos”, una historia malsana y enfermiza, según confiesa. Todo lo contrario a un libro de autoayuda: una novela de autodestrucción del lector.

5 ago 2013

Articuleando

Dentro de este repaso veraniego que le estoy dando a lo que ha venido siendo la temporada en el blog, no podía faltar el recordar aquellos artículos que han escrito otras personas amablemente (Sergi Viciana, Antonio Torrubia o David Jasso) y por supuesto, un servidor.

Terminamos el año pasado con el recopilatorio de mis #20de20 novelas de Terror, sin ningún orden ni alfabético ni de prioridad cualitativa, sino aquellas historias que a lo largo de mis lecturas son las que más huella han ido dejando. Las desgrané en cuatro entradas: I, II, III y IV.

A primeros de año hice mis propósitos literarios para el nuevo 2013. ¿Se estarán cumpliendo? Lo sabréis a finales de año, pero os adelanto que sí estamos en elloy con muy buen pie. También inicié un recorrido por lo que están siendo mis trabajos como corrector, y a lo largo de estos meses habéis podido ir viendo alguna de las portadas de las nuevas tareas, y las que están por venir. 

Una de las entradas de la que estoy más orgulloso, y que se ha convertido en la más leída de la historia del blog es aquella en la que contaba ¿por qué leo? Compartida y comentada por muchos, merece la pena recordarla. A raíz de su lectura, David Jasso me envió un texto en el que él, como escritor, me contaba ¿por qué escribo?

Otro de esos artículos interesantes vino de la mano de Sergi Viciana, y en él nos explicaba en cierta forma qué es el lector editorial, un ente que es algo desconocido. También Antonio Torrubia se ha querido sumar a darnos su opinión sobre algunos aspectos editoriales, y ha escrito ya dos partes de su State of Art (en pocos días tendremos el tercero). En el primero se presentaba y nos daba unas pautas que en el segundo fue desgranando el estado de algunas editoriales de género.

Y uno de los memes que hemos hecho junto a varios blogs, enseñando nuestras estanterías libreras.

Espero que os hayan gustado, y por supuesto, a partir de septiembre, más y mejor.


27 mar 2013

¿Por qué Escribo?

Hace ya unas semanas que puse una entrada en la que hacía una reflexión acerca de por qué leía. Al día siguiente, recibí en el email otra reflexión de un gran amigo, David Jasso, que inspirado por ella, me mandaba su reflexión acerca de por qué escribía. Y para que estos días festivos, si tenéis un segundo, penséis en ambas, aquí la tenéis.


Razones por las que escribo

Espero que no se note demasiado que mi sonrisa es fingida. Mi jefe cacarea estentóreamente como si su chiste hubiera tenido alguna gracia. Emito un “je, je” tan poco entusiasta que no desentonaría en un entierro. El tipo de administración se está descojonando. Se sujeta a la esquina de la mesa como si se fuera a caer al suelo. Si alguien cambiara sus fingidas carcajadas por gemidos, parecería que estuviera a puntito de correrse. “Je, je”, río yo, apresurándome a sacar de mi mente esa imagen.

—Y ahora, muchachos, sed proactivos —dice el jefe entre risas mientras pega una fuerte palmada en la mesa. Le encanta hacer eso. Dios, cómo me gustaría que alguien inventara las chinchetas transparentes. Pagaría lo que me pidieran.

Salimos de su despacho como grouppies rechazadas. Las risas cesan automáticamente en cuanto la puerta se cierra. Creo que el tipo de administración ha tenido un carcajeus interruptus. Me mira sobre sus gafitas llenas de grasa (probablemente procedente de sus cuatro pelos repeinaos al estilo cortinilla raída).

—Ya has oído. Tienes que darme hoy mismo las previsiones de ingresos trimestrales. —Sé que está disfrutando con mi marrón. Cabrón miserable.

Me encamino hacia mi pequeño despacho. No tengo ni idea de cuáles pueden ser esas previsiones. Según los informes sobramos todos y antes de que acabe el trimestre nos iremos al paro de forma irremediable. Y mientras, el jefe hace chistes...

Al pasar por marketing veo a las dos becarias (en realidad ellas no son culpables de que despidieran a la chica que estaba antes, así la empresa se ahorra una pasta). Son jóvenes y guapas. Están muy juntas frente al monitor viendo un vídeo de Youtube. Levantan la vista un poco asustadas y cuando ven que soy yo sonríen y siguen a lo suyo. Se ríen, probablemente algún gatito acaba de caerse de un sofá. Su risa es sincera y fresca, todo lo contrario a la del cabrón de administración. Una de ellas lleva una camiseta bastante escotada con Maggie Simpson impresa ofreciendo su chupete. Estoy tentado de asomarme un poco, pero cierro los ojos. No hay nada que hacer, son tan inalcanzables como la paz mundial. A veces me duele mirarlas. O escuchar sus jóvenes risas. Me recuerdan todo lo que ya no conseguiré.

Sigo adelante arrastrando los dedos por la pared. Necesita una mano de pintura. Ya nadie se la dará. La máquina de café vuelve a mostrar el post it “No hay vasos”. En mi cubículo los papeles se amontonan en la mesa. Me dejo caer en la silla, evito el muelle que siempre intenta colonoscopizarme. Han capado internet, ni siquiera puedo escuchar los anuncios de Spotify. Miro los informes sin ni siquiera tocarlos. Me gustaría fundirlos a golpes.

Esta noche al llegar a casa me desahogaré, puede que mate a varias personas. O quizás destruya el mundo. Es lo que tiene escribir. Sí, lo haré.

¡Oh, mierda! No me acordaba. Mis suegros estarán en casa, vienen a pasar una larga temporada. Y todavía tengo pendiente la conversación que mi mujer me ha pedido que mantenga con nuestra hija porque va desenfrenada y ha suspendido seis. Hogar, dulce hogar…

En cuanto pueda, destruiré todo el puto universo. Lo juro.


25 feb 2013

Pavesas


La semana pasada iniciamos nuestra nueva sección de microrrelatos con una colaboración de Emilio Bueso titulada Refractario. Ahora, David Jasso responde a su relato con una historia que retoma su premisa y la lleva más allá. Un mundo calcinado y dos autores enfrentados. No sabemos cómo acabará esto. De momento os dejo con ello. 


 «Prended fuego al mundo», bramó el profeta, «Dios tiene un lanzallamas». Y le hicieron caso. Comenzó como una revolución, se convirtió en una liberación y concluyó en exterminación. Ahora el humo se alza en penachos tan oscuros como sueños sucios, y la tierra que pisan los pocos supervivientes es una renegrida corteza de árbol muerto. Dios logró su objetivo, terminó con calles y edificios, con villas y riberas. Solo unos pocos sobrevivieron entre cenizas y hollín. Ahora vagan por las pavesas con la expresión aturdida de quien ha salido ileso de un accidente. 

Pero el diablo ha contraatacado: no consentirá que Dios se salga con la suya con tanta facilidad, no. Las llamas son demasiado purificadoras. El fuego es demasiado limpio. Y recurre a un arma terrible y cruel: implantar en los humanos la esperanza. La esperanza sin sentido, como siempre. Y una vez más, la vida se revuelve. El diablo no puede consentir que todo acabe bien. Los lengüetazos del fuego son demasiado dulces, prefiere que suframos con sueños que nunca se cumplirán.

Que sobreviva el mundo. El diablo, siempre tan atroz, nos ha dado esperanzas.



David Jasso ha trabajado como periodista en prensa, radio y televisión. Su trayectoria como autor arranca con una obra claustrofóbica como es “La silla”, hoy convertida en novela de culto. Después llegaron otros trabajos como “Cazador de mentiras” (junto a Santiago Eximeno), “Día de perros”, “Feral”, “El pan de cada día” o “Abismos”. Ha ganado varios premios Ignotus y Nocte. Y ha publicado decenas de relatos en antologías y revistas. En la actualidad se encuentra trabajando en su nueva novela “Lo que ves cuando cierras los ojos”, una historia malsana y enfermiza, según confiesa. Todo lo contrario a un libro de autoayuda: una novela de autodestrucción del lector.