
Durante los pocos minutos que duró su corta travesía, al fin lo comprendió: encontró los para él hasta ahora desconocidos atlas de las estrellas en las olas que dibujaba el mar y, tras un profundo y largo suspiro, arrojó en él las cenizas de su padre.
Confiando ciegamente, por primera y única vez en su vida, en que por la vida de cada marinero que el mar se cobra, una nueva estrella comienza a brillar en cada constelación…
No hay comentarios:
Publicar un comentario