10 feb. 2013

Dulce, dulce Navidad


Me encanta ir al médico privado. Ver como fingen preocuparse por mi salud y por mi alimentación. Suelen pensar que la anemia es lo que deja pálido mi rostro e insisten en que debería preocuparme por comer bien.

Eso es justo lo que hago doctor, me alimento únicamente de lo mejor, de esa rica y sabrosa sangre que corre por sus venas, llena de sabor a carne roja, a colesterol y a vinos caros... Me gusta relamerme golosamente antes de comer y ver como sus rostros se tornan en máscaras de terror al ver crecer mis colmillos. Realmente hace que el sabor empeore, pero como buen vampiro me gusta añadir un poco de espectáculo a la hora de comer.

Hoy es diferente. Las consultas están cerradas y las urgencias a rebosar de enfermos y médicos que no tienen tiempo ni dinero para comer bien. Además ....  me apetece algo dulce, y sabe Dios que mi cena va a ser la más dulce, azucarada y especiada que nadie ha probado jamás. He trabajado toda la noche decorando el salón de esta casa y el trozo de roscón de Reyes con su vaso de leche tibia espera junto a la chimenea. Satisfecho con mi trabajo, me escondo tras el árbol de Navidad a esperar mi regalo. Solamente saldrá bien el plan, si el viejo barrigón no se da cuenta de que los niños de esta casa ya no respiran…



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