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17 mar 2014

Sin Salida

Abro los ojos exaltada, algo está pasando… Siento los pálpitos en mi cuerpo, sudor en mis piel. No puedo encontrar la calma. Intento salir de donde estoy pero me falta el aire, vuelvo corriendo… Qué me está pasando?
 
Unas voces intentan ayudarme pero no puedo entender qué ocurre… Miro la puerta una y otra vez… No me veo capaz pero deseo salir.. Camino despacio y con atención pero no encuentro la paz interior y vuelvo a entrar. Una presión aprieta mi garganta.. atemorizada, desconsolada.
 
Voy al baño, mis pupilas están dilatadas.. Miro mi rostro, pálido, confundido. Empiezan a sangrar mis manos, grito desconsoladamente pero nadie me escucha. Voy por cada rincón arrastrándome, siento que no dejo de luchar constantemente y no puedo salir. Una voz me dice que es todo fruto de mi consciencia, un pasado catastrófico… Intento calmarme, respiro hondo, y voy para la puerta, salgo decididamente pero vuelvo a entrar corriendo. Cierro la puerta con llave, me tiro al suelo, no controlo mi respiración… No voy a conseguir salir nunca, lloro desconsoladamente…. Miro mi entorno constantemente, es como si esperara algo, algo positivo…Veo una sombra que se mueve lentamente, la sigo atentamente y muy asustada, trato de llamar su atención, quiero saber qué és. Empieza a volar por todas partes, oigo una voz que alerta que necesito ayuda pero no veo a nadie..
 
Estoy muy asustada.. trato de cerrar todas las ventanas y puertas, quiero sentirme segura. Ahora es donde mejor me siento, encerrada. Puedo ver a mis seres queridos, intentan convencerme de algo a lo que yo no estoy segura. Intento escucharles, mirarles pero no puedo. Mis manos dejan de sentir calor, noto fuertes presiones en mi cuerpo, gritos, nerviosismo. Me resulta imposible seguir luchando, sigo viéndoles, sus rostros brillan, sus miradas me llaman pero aquí me siento más segura. Les pido perdón, ante al sufrimiento sometido sin poder exteriorizar mi pena. Dejo de sentir mi cuerpo, no tengo sensibilidad, no puedo respirar, mis ojos se cierran lentamente, dejo de sentir. La hemos perdido.
 
 
 
Soy Mónica Ruiz de 31 años. Soñadora desde pequeña. Inquietudes literarias, posiblemente, pendientes por desarrollar. Me gusta la escritura lírica, dejando en manos al lector su imaginación. Actualmente, tengo una obra por acabar. Admiro la lectura y ser lectora.

10 feb 2014

Sin Ser

Tras un parón bloguero, debido a la cantidad de trabajo que he estado realizando este último mes, y que no me ha permitido dedicarle el tiempo justo y necesario a este espacio de Deprisa, volvemos con nuestro día a día.

Y como es lunes, estrenamos la semana con el microrrelato Sin Ser, obra del autor zaragozano (casetero para más señas) David Rozas.




El pitido en sus oídos se acrecentaba a medida que hundía los dedos en el fango. Su corazón bombeaba lo suficiente para donarle las energías necesarias y seguir arrastrándose sobre el lodo y la sangre de sus vecinos.

Poco importaba ya la lucha. A tan solo unos metros, Saúl resistía en la cabaña, descargando su fusil desde la ventana. Podía distinguir el martilleo tan característico del arma entre la amalgama de pitidos y los gritos de los que aún agonizaban retorciéndose alrededor de ella. Su hombre era un excelente francotirador. Habría derribado a decenas de esas criaturas desde su posición. Lara estaba segura de ello.

Dos metros para alcanzar la puerta trasera, y la visión de la joven se nubló peligrosamente. Ya no podía respirar por la nariz y jadeaba por la boca. Arrastrarse con la espalda arqueada de dolor y un desgarro sanguinolento que rodeaba todo su muslo acabaría con ella.

Pero antes tenía que alcanzar la cabaña y contárselo.

No podía abandonar esa vida sin revelarle su estado. Ese ser diminuto que comenzaba a gestarse en su vientre habría de traerles esperanza en mejor tiempo, pero al menos, si la oscuridad caía finalmente sobre ellos, ambos debían de ser partícipes de la buena nueva. Quizás así Saúl cobrará fuerzas inusitadas y acabará con ellos. Aun sin munición.

Aun con sus propias manos.

Lara arribó al quicio de la puerta y descubrió que ésta se hallaba entreabierta y cubierta de chorretones oscuros que resbalaban hasta el cemento. Una punzada en las sienes la sorprendió cuando pretendía apoyarse sobre sus manos y ponerse en pie. Esa sensación acuciante de fatalidad se incrementó cuando su cerebro le reveló que llevaba demasiados segundos sin escuchar los disparos del fusil.

Entonces, las fuerzas la abandonaron.

Quiso reaccionar al comprobar el olor fétido que emanaba de la vivienda, pero el nudo en su garganta ahogó el grito. Angustiada, susurró su nombre desde allí; “Saúl, cariño… ¿Estás ahí…? Saúl…”, con la cabeza asomada al interior.

La cabaña solo le devolvió el silencio que ronda a la muerte. Y de fondo, los sonidos inquietantes de unos chapoteos robaron toda esperanza de la muchacha en un suave estertor.



 

David Rozas Genzor (Zaragoza, 1979) publicó su primer trabajo en 2012, "Desde las entrañas", una antología de terror que le ha valido varias nominaciones a premios literarios del género. Durante 2013 ha participado en varios proyectos junto a otros autores hispanos, entre los que destaca "El Legado de Christie", que verá la luz este año. Es el creador y organizador de las jornadas literarias de su barrio, Casetas. Actualmente coordina las publicaciones de La Pastilla Roja Ediciones y prepara nuevos trabajos.

30 dic 2013

Sobre tu Tumba

Parece que David Jasso le ha cogido gusto a esto de escribir micorrelatos, y no solo nos ha acompañado en este año 2013 con dos de ellos, Pavesas y El Relato Ultracorto, sino que me avisa (y por ende, lo hace extensivo a todos vosotros) que es inminente la publicación de su antología de microrrelatos "Vidas infinitas" en la editorial Amargord. Así que el texto que ahora nos ofrece es un bonus no incluido en dicha recopilación. 

Con vosotros, Sobre tu Tumba.

 
Me enteré por casualidad, nadie se dignó avisarme. Lo leí en el periódico de forma inesperada y casi no pude creerlo. Una alegría oscura me recorrió por completo, un viento tan caliente como el aire viciado que expulsan a la calle los extractores de algunos baruchos. Y ahora me siento vacía, con el alma arrancada.

Creía que me sentiría mejor, que sería un poco más feliz, pero en este momento, plantada ante la tumba del violador y asesino confeso de mi hija, solo siento vacío. Un vacío frío, como el de una habitación abandonada con premura dejando las puertas abiertas en pleno invierno.

El odio vivía en mi interior: le aplicaron la ley del menor porque solo tenía dieciséis años (tres más que mi niña) cuando la violó y golpeó hasta matarla. Cinco años más tarde ya estuvo en la calle, disfrutando de la vida. Yo deseaba su muerte, quería que sufriera, que expiara su culpa de verdad, no con paños calientes y leyes injustas. 

Pero por lo visto su destino estaba marcado. Falleció la semana pasada al salirse de la carretera con un coche robado. Sonreí cuando leí la noticia en la prensa.

Ahora estoy en el cementerio, frente a su tumba. Alguien le apreciaba lo suficiente para pagar una lápida que proclama: amado hijo y hermano. Y yo me siento vacía, ni siquiera el odio y el rencor pueden ayudarme a seguir adelante. No puedo escupir, como tenía previsto, el nicho está demasiado alto y mi garganta demasiado seca.

Retiro la vista y me marcho arrastrando los pies. Me siento cansada.

Paso junto a la tumba de mi hija. Flores marchitas y una foto comida por el sol. Y sé que por fin se ha marchado.

No porque su asesino haya muerto, no. Sino porque yo ya no odio.


Y con este texto, llegamos al final de las entradas de este año 2013. Así que aprovecho para felictaros el nuevo año 2014 y que espero que volváis por aquí. GRACIAS.

2 dic 2013

Tradición / El Hallazgo

Hoy nos visita en nuestra sección de micros, una autora que ya estuvo entre nosotros hace unos meses. Se trata de Marta Junquera. Con su microrrelato Home Run ya nos demostró sus intenciones a la hora de trasladarnos una historia. En esta ocasión, el ejemplo va a ser doble, ya que ambos tienen una misma idea de la que parten, ¿te atreves a descubrirlo?


Tradición

La fiesta estaba a punto de comenzar. La mujer, ataviada con sus mejores galas, tomó con su mano derecha una copa de vino. La acercó a sus labios con delicadeza y bebió. El trago fue lento de manera intencionada: le permitió saborear los distintos matices y prepararse para lo que vendría a continuación. Los asistentes, con los ojos fijos en ella, aguardaban expectantes el siguiente paso. Derramó el resto del contenido sobre el bloque de piedra. La libación había tenido lugar. El llanto desconsolado del niño rompió el silencio reverencial de la celebración.


El altar estaba listo para el sacrificio.


El hallazgo

Después de muchos años de búsqueda, por fin lo tenía ante sí. Lo miró con una mezcla de codicia y orgullo. Había sobornado, estafado, engañado e incluso matado para conseguirlo. Utilizó el recipiente para celebrar su descubrimiento, llenándolo con vino. Al degustar la bebida de intenso color rojo, su pensamiento voló hacia su mujer. En aquel instante, a miles de kilómetros, ella empezó a sufrir convulsiones y a sangrar por la nariz, los oídos y los ojos. El dolor fue tan atroz que rezó por su muerte.


Tras interminables minutos de agonía, el Grial le concedió su deseo.

11 nov 2013

Noche de Tormenta



 Nuestra microrrelatista de hoy ya nos visitó hace unos meses con su anterior creación, De Vuelta a Casa. De nuevo tenemos pues a Fayna Bethencourt entre nosotros, y nos promete una buena Noche de Tormenta.

―¡Todo esto es culpa tuya, así que deja de lloriquear y sigue corriendo! ¡Llevas tantos años equivocado, que ahora, tal vez, aprendas algo, aunque sea en el último momento! ¡Pero sigue! ¡No pares de moverte, venga!

La chica estalla en una carcajada, al ver como el hombre trastabilla y casi cae de bruces en el barro espeso y frío.

En realidad, tu primer error, fue cogerme aquel día de la mano para pedirme matrimonio... Evocar aquel recuerdo, le hace ponerse enferma de rabia. Así que se levanta de golpe para increpar de nuevo al desgraciado, que sigue moviéndose, mientras no deja de mirar hacia un lado y otro con desesperación.
―¡Estás buscando ayuda! No te hagas ilusiones, porque nadie va a venir. Estamos solos, en medio de ninguna parte. Ningún ángel salvador va a acudir en tu ayuda, créeme. Sé de lo que hablo. Yo también esperaba una mano amiga, cuando el miedo y el dolor me destrozaban entera, con total impunidad. Cuando eras tú el que ...

Ella sacude la cabeza, para impedirse seguir pensando en todo aquello. ¡No! ¡No puede dejarse invadir por toda aquella pena! ¡Este es su momento y nada lo va a estropear! Ahora levanta la cara y abre la boca para disfrutar del agua, que cae del cielo oscuro.

―¿No te gusta la lluvia? le pregunta al hombre, que la mira, deshecho y jadeante. ― ¡Yo la adoro! Y además, ahora mismo resulta perfecta para lavar toda la mierda que llevas encima, aunque por desgracia, no logrará llevarse la que tienes acumulada dentro de ti escupe, con desprecio, antes de preguntar con sorna―. ¿Te molestan las cadenas? Pues he tenido mucho cuidado al colocártelas. Puedes comprobar que no limitan tus movimientos, pero ni en sueños esperes poder escapar porque están muy bien aseguradas.

La mujer se sienta, mientras los recuerdos se abalanzan sobre ella sin poder espantarlos de su mente febril. ¿De verdad, este despojo, ahora suplicante, pensó que podría seguir pegándole durante el resto de su vida? De repente le entran ganas de reír de nuevo. Ella se encargará de restablecer su dignidad, esa que él se ha encargado de arrastrar por el forro de sus sucios pantalones de macho. Lentamente, pasa su lengua por el hueco que antes ocupaba el diente que el muy cabrón le había saltado de un puñetazo, durante una de aquellas habituales palizas. Ahora, ella se pone en pie, como empujada por un resorte invisible y estira tan fuerte de las cadenas que el hombre cae de nuevo en el fango.

―¡Levanta, perro! ¿Quieres saber cómo has acabado aquí? Fuiste tú mismo el que me dio la idea hace ahora un par de años.

―¡Puta desgraciada, muérete! ¡Te tendría que partir un rayo! ¡Al menos podría cobrar el seguro y tu puta existencia me serviría para algo!

Esas palabras no dejaron de resonar en mi cabeza durante todo este tiempo. Todos los golpes e insultos se volvieron música para mí, tan sólo pensando en cómo te traería hasta aquí para verte tal y como estás ahora, corriendo desnudo bajo la lluvia, entre todos estos rayos que no dejan de caer. ―La mujer vuelve a reír eufórica, mientras grita― ¡Corre! ¡Corre! ¡Que ya ha caído uno muy cerquita! Y por el seguro de vida, no te preocupes ya que lo tengo todo solucionado. Vas a tener la tumba más bonita del cementerio. Soy agradecida además de paciente, y tú me has dado la mejor idea que he tenido en toda mi vida. ¡Y ahora sigue corriendo que ya falta menos para que te parta un rayo a ti, maldito hijo de puta!






Fayna Bethencourt, nació en Las Palmas en 1978, pero en la actualidad reside en Barcelona junto a su marido y sus dos hijos. Cuando era pequeña, Fayna inventaba historias que después contaba a sus compañeros de clase y familiares. Con los años dejó de escribir cuentos, pero nunca dejó de leer. En el año 2001, saltó a los medios de comunicación, gracias a su paso por el concurso Gran Hermano, convirtiéndose en tertuliana y colaboradora habitual de diversos programas de televisión.
 
Hace ya tiempo que volvió a retomar "la pluma y el papel” y suele bromear diciendo que piensa escribir un libro titulado: "Los ex concursantes de Gran Hermano también sabemos leer".
Mientras tanto sigue escribiendo sus cuentos e historias, y espera con ilusión la próxima publicación de una antología con varios autores, en la que ella también participa.

5 nov 2013

Carpe Noctem

El microrrelato de hoy corre a cargo de un buen amigo del que aquí suscribe. Se trata de Jesús Cañadas, que tuvo a bien enviarme este texto hace ya unos meses  y que he guardado para la ocasión de celebrar su reciente novela, Los Nombres Muertos.

Os dejo con Carpe Noctem.


Me despierta un chorro de agua helada. El dolor vuelve a mí, y con él un chaparrón de recuerdos. Flashes de luz. Farolas. Una furgoneta. Una sombra. De espaldas. Una llave inglesa en la mano. Bajando. Subiendo, roja. Bajando.
Tengo magulladuras por todo el cuerpo y cortes que sangraban en la oscuridad latente. Me ha violado. Estoy maniatada, sentada en mitad de la habitación. El hombre de la manguera me mira. Decoran las paredes cosas innombrables, recuerdos de las anteriores ocupantes de esta silla. No se cubre la cara. Está sonriendo.
En el suelo ha extendido un trozo de lona. Objetos punzantes, muchos. Carcomidos de óxido y estratos de sangre ajena. Me cuenta lo que me va a hacer. Extremidades. Lengua. Genitales. Ojos. Yo apenas le escucho. Mi mirada está fija en un punto a su espalda. Allí, mi Maestro nos contempla desde el interior de las sombras. El odio sin lenguaje en sus múltiples ojos constata lo que ya sé: el auténtico dolor está a punto de comenzar. 

Para él, por tocar a una de sus siervas. 

Para mí, por dejarme atrapar por un humano.


Jesús Cañadas nació en Cádiz en 1980. Siempre vinculado a la literatura de género, sus relatos han aparecido en revistas como Asimov Magazine, Lovecraft Magazine, Miasma o Aurora Bitzine; así como en las antologías Visiones 2008, Errores de Percepción, Calabazas en el Trastero, Ácronos, Fantasmagoria o la más reciente Charco Negro.

En 2011 publicó su primera novela, El Baile de los Secretos, en la Colección Excalibur de la Editorial Grupo AJEC, llegando a ser finalista a Mejor Novela en los Premios Scifiworld. Los Nombres Muertos es su segunda novela, recientemente publicada en el sello Fantascy (Random House Mondadori).

Viajero incansable, ha vivido en más de trece ciudades en los últimos diez años. En la actualidad reside en Alemania, donde compagina la literatura de género con su trabajo en la Feria del Libro de Frankfurt.

28 oct 2013

La Mujer sin Nombre


El microrrelato de hoy viene a cargo de Irene Comendador, una persona con la que ya he trabajado en la corrección de sus relatos en la antología Sé que Estás ahí, y que amablemente se ha prestado a escribir un texto para el blog. Aquí os dejo a La Mujer sin Nombre.



Obsesionada con Elvis, peinada de igual forma y escuchando Clementine dentro de su cabeza. 

Paseaba a cámara lenta y se depilaba los brazos para sentir mejor el aire. De gesto endurecido a causa de las heridas pasadas y las decepciones del ayer, ella siempre fingía, siempre demostraba estar dormida cuando le hablaban directamente. El pitillo colgaba flácido y encendido de su boca, cegando sus pestañas y obligando a sus ojos a entornarse. Era una chica dura, era una mujer atormentada por su enfermedad inexistente, por su comportamiento cambiante y la necesidad de parecer de piedra en todo momento. 

Por las mañanas lloraba a escondidas bajo sus sábanas, se destapaba con la furia de un titán para afrontar el día, y barría de su cuerpo el sudor con duchas frías y estropajo de aluminio. Pensaba que tenía que quitar todo lo soñado durante la noche de la forma más dolorosa, con la esperanza de no volver a pasar por ello. 

El miércoles dobló la esquina del cementerio con la intención de obviar el camino de baldosas que conducía hasta su tumba, pero como de costumbre, sus pasos la traicionaron y terminó sentada sobre la lápida de granito. Talladas las letras en plata con la inscripción de aquel nombre tan afilado y destructivo. “Algún día conseguiré traerte de vuelta”… repetía en voz baja, asustando a las viejas viudas que la rodeaban. Se tumbó boca abajo y pegó la mejilla a la tapa mortuoria, concentrando la mirada en algún punto lejano e irreal. Allí, en el horizonte de su imaginación estaba él con los brazos cruzados, erguido sobre un montículo de arena y mirándola directamente a los ojos. Ella perdió la noción del tiempo y se quedó dormida a varios metros del cadáver enterrado. 

La noche llegó pasadas unas horas, acompañada de la luna llena y brillante que daba sombra al cuerpo de la mujer sin nombre. No despertó hasta que las gotas de lluvia empaparon su cuerpo, su ropa de cuero negro. Su tupé cuidadosamente peinado en la mañana se había consumido. Los mechones de pelo oscuro y corto enmarcaban sus facciones. El frío caló hasta sus huesos y el corazón se quedó helado. Un segundo antes de despegar su piel de la tumba, escuchó el golpear de la madera bajo la tierra. Uñas que arañaban el interior de la caja. El ataúd estaba cobrando vida. Muy lejos de sentir miedo, se incorporó poniéndose de rodillas sobre las letras de la inscripción, y con las palmas pegadas al granito, repasó el contorno con la yema de los dedos. “Despierta” dijo entre dientes, sin saber si se lo decía a ella misma o era una orden para el hombre allí enterrado desde hacía diez años.

La música volvió a su cabeza, la ropa mojada reducía su movilidad, el olor a muerte saturaba su nariz, y como si sus plegarias, al fin, se hubiesen escuchado, la lápida se abrió.

Escritora madrileña del 80, lectora compulsiva, adicta a la escritura y multifacética con respecto a los géneros literarios. 

Fue la ganadora del I Concurso de Microrrelatos Eróticos de R21 en diciembre del 2011, ganó el Certamen XI Premio Sexto Continente de relato erótico de Radio Nacional de España (REE) en junio de 2012 y quedó en segundo lugar en el concurso de relato largo zombi en la web All Zombies en agosto de 2012. 

Sus publicaciones hasta la fecha en papel: “Microantología del microrrelato III” Editorial Irreverentes en octubre de 2011, “200 baldosas al infierno” Editorial Tyrannosaurus Books en Marzo de 2012, “Arkham. Relatos de horror cósmico” Editorial Tyrannosaurus Books en junio de 2012, “Sé que estás ahí” Editorial Seleer en noviembre de 2012, “Leyendas Urbanas” Editorial Universo en octubre de 2013.

Trabaja como columnista en el periódico “La Red 21”, con artículos sobre la sexualidad; escribe para la web “Con un par de tacones”, junto con varias compañeras de letras; es colaboradora en la web Action Tales, en la sección de “Femme Fatales”, y colabora también en la Revista bimensual “FanZine”, además de pertenecer a la asociación ESMATER (Escritores madrileños de terror). Está a la espera de varias publicaciones más, antes del inicio del próximo año, y sigue caminando por la cuerda floja de las musas rebeldes. 


21 oct 2013

El Relato Ultracorto

Tenemos un nuevo lunes con nuestro microrrelato particular. En esta ocasión, David Jasso repite experiencia y nos tra e un micro ¿metaliterario? Os lo dejo en vuestras manos, con vosotros, El Relato Ultracorto.


El tío en cuestión quería escribir una historia ultracorta para enviarla a un blog literario. Pretendía que fuera algo intenso, original y con un final sorprendente. Que en pocas líneas transmitiera, comunicara, asombrara... Se devanó los sesos durante mucho rato, pero no consiguió ningún resultado coherente. Se dio por vencido y envío un relatillo absurdo sin demasiado sentido. Sin embargo se lo publicaron y gustó bastante porque al final la gente sonreía (excepto aquellos menos inteligentes, que no lo entendían). 




  
David Jasso ha trabajado como periodista en prensa, radio y televisión. Su trayectoria como autor arranca con una obra claustrofóbica como es “La silla”, hoy convertida en novela de culto. Después llegaron otros trabajos como “Cazador de mentiras” (junto a Santiago Eximeno), “Día de perros”, “Feral”, “El pan de cada día” o “Abismos”. Ha ganado varios premios Ignotus y Nocte. Y ha publicado decenas de relatos en antologías y revistas. Acaba de terminar de escribir su nueva novela “Lo que ves cuando cierras los ojos”, una historia malsana y enfermiza, según confiesa. Todo lo contrario a un libro de autoayuda: una novela de autodestrucción del lector.